lunes, 16 de junio de 2008

La Comunión de Chico Magaña: el acto estético de la lectura


Luis Alonso Fernández Suárez

En El refugio de la Luna, café ubicado en las inmediaciones del Parque de los Pajaritos, sobre la calle Hidalgo, que ha tomado como tarea respaldar las expresiones culturales de quienes tienen algo que decir; este sábado 24 de mayo, Francisco Magaña, en una veta diferente de la creación estética nos presenta una veintena de cuadros que se inscriben, sin ambigüedad, en el género abstracto, del que es común escuchar decir a los malos críticos que es refugio de los malos pintores. Quedarse con una observación así es restringir las posibilidades de disfrutar de un diálogo con el artista a través de sus cuadros, realizando una lectura del lenguaje sin palabras en el que se expresa el alma de aquél.

Con el nombre de Comunión: acuarelas, tintas y técnicas mixtas, la exposición se distribuye en las distintas salas del local. En la serie 1 contemplamos la quietud de una tarde lluviosa; en la serie 1 B encontramos alusiones vegetales, tallos floridos en un jardín silvestre; en la serie 1 A, me parece, Magaña nos hace ver la espontaneidad de una ronda infantil; una parte de la serie 2 es un mosaico donde el motivo acuático se repite en doce fragmentos que lo conforman, y en la otra el autor juega con las insinuaciones del desmanchado, en un compuesto tetraico; serie 3, conjunto de nueve miniaturas donde los tonos ocres y marrones aluden personajes que, sin cuidarse del espectador, se entretienen en sus asuntos; serie 3, conjunto de cuatro trípticos verticales donde los motivos aluden a los nenúfares de Monet; en la serie 4, otro tríptico vertical, nos remontamos a la Europa medieval, a la ciudad de Venecia, en el momento en que se celebra el carnaval; serie 8, mosaico de nueve miniaturas en el que los motivos rememoran letras sagradas de un código secreto; y por último, en la serie 9 encontramos alusiones zoomórficas en el festejo lúdico del día.
Te invito, pues, a disfrutar, a jugar, a crear tu propia lectura y compararla con la mía o con la de otros espectadores, o simplemente a deambular por la imaginación expresada de un artista. Frente al cuadro acércate cuanto puedas o quieras, y retírate lo que te permita el espacio, busca el punto donde tú veas lo que nadie puede indicarte. Recuerda que en el arte las posibilidades de lectura no son nunca agotadas en el tiempo.

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