Gamaliel Sánchez Salinas
“Estamos tan terriblemente mal que los murales que pintaron en palacio hace diez años los borraron para sustituirlos con mil muñecos y con la misma cara, solo cambia el vestuario. Así de uniforme es la mentalidad de los que dieron las ordenes de que se borraran los murales”, dice enfático Miguel López Cervera, licenciado en Música, escritor y promotor incesante de la cultura en el municipio de Cunduacán.
“Los maestros de la casa de la cultura del municipio son tan cuadrados, tan ortodoxamente ignorantes que, en mi tierra dirían, no sacan al puerco de la milpa”, asegura el fundador de Crisol AC, Asociación que promueve conciertos, talleres literarios y diversos eventos culturales siempre con esfuerzos y dineros propios.
Para el también colaborador del periódico La pedrada, directora y maestros de la Casa de la cultura, están ahí porque son amigos del gobernante en turno, como sucede en todo el estado. Y es que la política cultural en el municipio es reflejo de la que lleva a efecto el gobierno estatal. “Antes teníamos 17 talleres literarios en todo el estado, ahora solo tenemos siete u ocho”, se lamenta.
Considera que otro indicador para saber la situación está en el número de periódicos y revistas culturales que existen en Tabasco. “Es un panorama feo, la cultura es Juan Gabriel, Vicente Fernández y Paquita, La del Barrio. Y cuando vienen artistas de renombre solo llegan a Villahermosa y de ahí se regresan ¿Por qué no llegan a los municipios? ¿Qué acaso de los miles de millones que desaparecieron en estos días no podían hacer algo por la cultura? “Difusión, apoyos a grupos culturales, apoyo a artistas tabasqueños y mil cosas más a favor de la cultura…” propone.
El poco soporte a la promoción cultural en el estado, lo obligó a irse a trabajar a la Casa de la Cultura, Rosario Castellanos, en la Ciudad de México. Pesimista, desconfía de las autoridades: “Es tan fácil para los que están en el poder desaparecer los millones que…compruébelo usted, los costales de arena ahí siguen en las márgenes de los ríos esperando la próxima inundación que ya no tarda, mientras tanto, igual que hace cien o doscientos años, los valores tabasqueños emigran por falta de apoyo. Como Pellicer y tantos otros… No hay quien valore sus trabajo.”
López Cervera, irónico, da su balance: “Antes teníamos a don Benito Blé, pero como ya no existe ya ni a poesía llegamos”.
“Estamos tan terriblemente mal que los murales que pintaron en palacio hace diez años los borraron para sustituirlos con mil muñecos y con la misma cara, solo cambia el vestuario. Así de uniforme es la mentalidad de los que dieron las ordenes de que se borraran los murales”, dice enfático Miguel López Cervera, licenciado en Música, escritor y promotor incesante de la cultura en el municipio de Cunduacán.
“Los maestros de la casa de la cultura del municipio son tan cuadrados, tan ortodoxamente ignorantes que, en mi tierra dirían, no sacan al puerco de la milpa”, asegura el fundador de Crisol AC, Asociación que promueve conciertos, talleres literarios y diversos eventos culturales siempre con esfuerzos y dineros propios.
Para el también colaborador del periódico La pedrada, directora y maestros de la Casa de la cultura, están ahí porque son amigos del gobernante en turno, como sucede en todo el estado. Y es que la política cultural en el municipio es reflejo de la que lleva a efecto el gobierno estatal. “Antes teníamos 17 talleres literarios en todo el estado, ahora solo tenemos siete u ocho”, se lamenta.
Considera que otro indicador para saber la situación está en el número de periódicos y revistas culturales que existen en Tabasco. “Es un panorama feo, la cultura es Juan Gabriel, Vicente Fernández y Paquita, La del Barrio. Y cuando vienen artistas de renombre solo llegan a Villahermosa y de ahí se regresan ¿Por qué no llegan a los municipios? ¿Qué acaso de los miles de millones que desaparecieron en estos días no podían hacer algo por la cultura? “Difusión, apoyos a grupos culturales, apoyo a artistas tabasqueños y mil cosas más a favor de la cultura…” propone.
El poco soporte a la promoción cultural en el estado, lo obligó a irse a trabajar a la Casa de la Cultura, Rosario Castellanos, en la Ciudad de México. Pesimista, desconfía de las autoridades: “Es tan fácil para los que están en el poder desaparecer los millones que…compruébelo usted, los costales de arena ahí siguen en las márgenes de los ríos esperando la próxima inundación que ya no tarda, mientras tanto, igual que hace cien o doscientos años, los valores tabasqueños emigran por falta de apoyo. Como Pellicer y tantos otros… No hay quien valore sus trabajo.”
López Cervera, irónico, da su balance: “Antes teníamos a don Benito Blé, pero como ya no existe ya ni a poesía llegamos”.


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