Luis Enrique Martínez
Por tomar atajos inimaginables, Roberto Madrazo Pintado se ganó a todo pulmón el mote de Madrazo el chico. Con ello depreció la obra pública de su progenitor Carlos A. Madrazo Becerra y a su vez sembró vicios en la clase política y al mismo tiempo en los medios de comunicación.
No es necesario revisar su paso por la actividad pública nacional si con lo hecho en Tabasco basta y sobra.
Para cumplir el sueño que sustituyó a la ilusión infantil de ser actor de teatro, Madrazo Pintado, intensificó su actividad política en el estado a partir de 1988 cuando su partido, el Revolucionario Institucional, por vez primera, corrió el riesgo de perder la gubernatura ante Andrés Manuel López Obrador.
Al tiempo de reforzar al candidato Salvador José Neme Castillo empezó a tejer alianzas con tirios y troyanos. Para alcanzar sus objetivos no le importó dilapidar recursos del erario. Tampoco formar paraperiodistas cuyo oficio original no alcanzaba para encontrar empleo o ya habían sido despedidos de instituciones públicas o privadas por ineptos.
El PRI ganó, repitió el carro completo en la elección estatal de 1988. Pero el camión quedó sin neumáticos y hasta sin motor. En tales condiciones no pudo cumplir el desafío de seis años. A la mitad del camino, llegó el relevó y atrás de Manuel Gurría Ordóñez, Madrazo el chico.
A partir de 1992, con todo el poder político, económico y de los medios de comunicación creció la legión de paraperiodistas cuyo modo de vida pasó de condiciones extremas a una bonanza que defendieron durante las contiendas electorales siguientes. En especial la de gobernador de 1994.
En las cajas de la ignominia que López Obrador presentó posterior a los comicios de ese año, aparecieron nombres de los guerreros y generales del ejército popular que desalojó los alrededores de Palacio de Gobierno para sentar al hijo de Madrazo el grande, en el poder. Entre los segundos, destacaba César Raúl Ojeda Zubieta.
También los paraperiodistas –arquitectos, abogados, contadores, ingenieros, odontólogos…porros, obreros, amas de casa— junto a los “bien nacidos” refrendaron su amor al erario sin preocuparse por iniciar una formación empírica en las mesas de redacción de la prensa escrita, radio y televisión.
Sin embargo, el compromiso con Madrazo el chico, desapareció cuando la astucia no pudo superar la elección presidencial de 2006. Una obsesiva aspiración que llevó al PRI a ocupar el tercer lugar en la preferencia electoral ciudadana del país.
A la vuelta de unas cuantas semanas, los paraperiodistas de Madrazo el chico abandonaron a su delfín para apoyar al químico Andrés Granier Melo.
Así lo hicieron con Gurría Ordóñez, el mandatario sustituto que dispuso del erario para sacarlos de la pobreza; también con Enrique Priego Oropeza, el gobernador interino que distribuyó el erario a manos llenas; de la misma manera actúan hoy con Manuel Andrade Díaz y Florizel Medina Péreznieto -el delfín de Madrazo el chico- que pasó de político a empresario proveedor de lámparas de Aladino al ayuntamiento de Centro.
A todo esto ¿qué es un paraperiodista? La definición ronda entre un pistolero a sueldo, que eso es un sicario, o la del vendedor de pollos aliñados que se siente periodista porque asegura que él también vive de la pluma.
II.-
En su libro “El poder, historias de familia”, el periodista Julio Scherer García se refiere así de la vida pública de los hermanos Guillermo, Carlos y Miguel Cantón Zetina:
“En el archivo del Banrural, sorprendente como caja de Pandora (…) Tres hermanos cobraban como una familia unida: Carlos, Guillermo y Miguel Cantón Zetina. Inaugura la carpeta del primero un cheque por 20 mil pesos: “Cooperación periodística prestada a la institución en el periódico Ultimas Noticias Dominical, correspondiente al mes de septiembre del año en curso” (1979) (…) Miguel, el más pequeño, firmaba recibos por 25 mil pesos mensuales…”
¿Ya se acabaron los tiempos de las vacas gordas, don?
No es necesario revisar su paso por la actividad pública nacional si con lo hecho en Tabasco basta y sobra.
Para cumplir el sueño que sustituyó a la ilusión infantil de ser actor de teatro, Madrazo Pintado, intensificó su actividad política en el estado a partir de 1988 cuando su partido, el Revolucionario Institucional, por vez primera, corrió el riesgo de perder la gubernatura ante Andrés Manuel López Obrador.
Al tiempo de reforzar al candidato Salvador José Neme Castillo empezó a tejer alianzas con tirios y troyanos. Para alcanzar sus objetivos no le importó dilapidar recursos del erario. Tampoco formar paraperiodistas cuyo oficio original no alcanzaba para encontrar empleo o ya habían sido despedidos de instituciones públicas o privadas por ineptos.
El PRI ganó, repitió el carro completo en la elección estatal de 1988. Pero el camión quedó sin neumáticos y hasta sin motor. En tales condiciones no pudo cumplir el desafío de seis años. A la mitad del camino, llegó el relevó y atrás de Manuel Gurría Ordóñez, Madrazo el chico.
A partir de 1992, con todo el poder político, económico y de los medios de comunicación creció la legión de paraperiodistas cuyo modo de vida pasó de condiciones extremas a una bonanza que defendieron durante las contiendas electorales siguientes. En especial la de gobernador de 1994.
En las cajas de la ignominia que López Obrador presentó posterior a los comicios de ese año, aparecieron nombres de los guerreros y generales del ejército popular que desalojó los alrededores de Palacio de Gobierno para sentar al hijo de Madrazo el grande, en el poder. Entre los segundos, destacaba César Raúl Ojeda Zubieta.
También los paraperiodistas –arquitectos, abogados, contadores, ingenieros, odontólogos…porros, obreros, amas de casa— junto a los “bien nacidos” refrendaron su amor al erario sin preocuparse por iniciar una formación empírica en las mesas de redacción de la prensa escrita, radio y televisión.
Sin embargo, el compromiso con Madrazo el chico, desapareció cuando la astucia no pudo superar la elección presidencial de 2006. Una obsesiva aspiración que llevó al PRI a ocupar el tercer lugar en la preferencia electoral ciudadana del país.
A la vuelta de unas cuantas semanas, los paraperiodistas de Madrazo el chico abandonaron a su delfín para apoyar al químico Andrés Granier Melo.
Así lo hicieron con Gurría Ordóñez, el mandatario sustituto que dispuso del erario para sacarlos de la pobreza; también con Enrique Priego Oropeza, el gobernador interino que distribuyó el erario a manos llenas; de la misma manera actúan hoy con Manuel Andrade Díaz y Florizel Medina Péreznieto -el delfín de Madrazo el chico- que pasó de político a empresario proveedor de lámparas de Aladino al ayuntamiento de Centro.
A todo esto ¿qué es un paraperiodista? La definición ronda entre un pistolero a sueldo, que eso es un sicario, o la del vendedor de pollos aliñados que se siente periodista porque asegura que él también vive de la pluma.
II.-
En su libro “El poder, historias de familia”, el periodista Julio Scherer García se refiere así de la vida pública de los hermanos Guillermo, Carlos y Miguel Cantón Zetina:
“En el archivo del Banrural, sorprendente como caja de Pandora (…) Tres hermanos cobraban como una familia unida: Carlos, Guillermo y Miguel Cantón Zetina. Inaugura la carpeta del primero un cheque por 20 mil pesos: “Cooperación periodística prestada a la institución en el periódico Ultimas Noticias Dominical, correspondiente al mes de septiembre del año en curso” (1979) (…) Miguel, el más pequeño, firmaba recibos por 25 mil pesos mensuales…”
¿Ya se acabaron los tiempos de las vacas gordas, don?

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