lunes, 16 de junio de 2008

De equívocos y dudas

¿Fue el de Madrazo un régimen represor?
Guillermo Hübner Diaz

La madre de las libertades, la de expresión, que encuentra en la palabra impresa la más bella de sus manifestaciones, sufre cotidianamente menoscabo, daños, disminuciones, por parte de políticos –servidores públicos y dirigentes partidistas- y delincuentes organizados que constituyen una perfecta sinonimia con gente crecida al margen de la civilización y la cultura con muy pocas oportunidades de hacer contacto con la moral; que desalientan el perfeccionamiento de la sociedad, retrasan la superación del hombre en lo individual, ofenden su dignidad y privilegian conductas mediatizadoras que poco o nada tienen que ver con la inteligencia humana, ese maravilloso y mágico, divino “algo” que nos valora, nos distingue, nos separa, nos catapulta y califica muy por arriba de los demás animales del planeta. Ciertamente, sí; no debía haber equívocos pero hay un mundo de dudas. México, amable lector es el segundo país del mundo, después de Irak, en el que el ejercicio periodístico es la actividad más peligrosa.

Un sistema político surgido de la insurgencia popular contra una dictadura, como el nuestro, sucedido a través de los distintos regímenes para desembocar en una república democrática liberal, mucho tiene que ver con un muy amplio sistema de libertades que implica garantías, derechos y obligaciones para los ciudadanos, moral y equitativamente establecidas para salvaguardar el interés común de la sociedad coordinada por el poder público, y para vigorizar el Estado con el esfuerzo y concurso, si no de todos, cuando menos de la mayoría de los gobernados.
Uno de esos derechos, es el de estar informados, y una de estas garantías, es la de poder expresarse sin sobresaltos, por escrito o ante los micrófonos, que es lo que a los periodistas interesa, sin que el gobierno ofenda, reprima o margine, pues no es su atributo o facultad impedir el desarrollo y expresión cultural e intelectual de nadie, por el contrario, la moral lo obliga no sólo a respetar toda la socialmente útil expresión del pensamiento humano, sino a fomentarla e impulsarla.
La moral, entonces, y la ética, resultan imprescindibles en la tarea pública.
Todos queremos que algo cambie, que algo mejore en el mundo. Hay muchas cosas que no nos gustan y no por ser obras del gobierno, muchas, deberán ser aceptadas y mucho menos por todos. Hay obras pésimas –la vía “corta” a Cunduacán es un notabilísimo ejemplo-; si pudiéramos –decimos-, qué distinto sería todo, pero muchos se encogen de hombros y se dan por vencidos alegando que no poseen ni el poder ni la fuerza para cambiar cosa alguna. Y siguen quejándose y criticándolo todo. Les falta definición, resolución, no tienen vida, sólo “protestan”, como muchos perredistas y pinosuaristas, pero no cambian nada, siquiera algo, por mínimo que fuera, de y en ellos mismos.
¿Cómo distinguir, caro lector, a los seres vivos de los sin vida? Nosotros lo hacemos por la conducta, por los principios, por los compromisos de cada cual, por los movimientos, porque donde hay vida hay acción. Una persona llena de vida, será aquella que se mueva, que no detenga su desarrollo y se eleve todos los días; es aquella que no se conforma con observar sino que participa activamente en el juego de la vida. A ellas las buscamos para amacizar nuestra personalidad, nuestra dignidad y, en reciprocidad, para respetarlas, para alentarlas y para seguirlas.
Dijo el poeta y lo sacó a colación en una asamblea periodística el papá de Isidoro Pedrero Totosaus, Don Atahualpa Pedrero Damián: Si bien el agua es poesía, mejor es torrente que lago. Claro que como humanos que somos muchas veces erramos.
Por ley y por convicción, el gobierno, el gobernador de cada Estado o el presidente de cada municipio, no se diga el huésped de Los Pinos, es el primer obligado a velar por el cumplimiento de la Constitución y a garantizarle a los ciudadanos con sus mejores acciones el sano disfrute de sus derechos y libertades y la plena satisfacción de sus apetencias de aportación y participación democráticas.
El miedo a ser uno mismo, el miedo a la sociedad –esto lo dijo el gobernador Enrique González Pedrero-, el miedo a la política –por añadidura el miedo a los periodistas-, es miedo a la libertad. Claro, es más fácil ser esclavo que hombre libre, y esto lo escribió el inmenso maestro José Ingenieros.
Ir contra la libertad acallando voces, suprimiendo plumas, cerrando micrófonos, haciendo llamadas telefónicas para instilar veneno y prevaricar que Guillermo Hübner Díaz es de “línea contraria” a la del gobernador, que es “enemigo” del gobernador –como hicieron los ex coordinadores de Comunicación Social Carlos Manuel Pérez Priego y Addy García López durante la administración de Roberto Madrazo Pintado-, es atentar contra la sociedad, es atentar contra el derecho al trabajo constitucionalmente consagrado para ganar dignamente la vida y poder aspirar a mantener decorosamente a la familia, y es atacar la vida política que hace posible la convivencia civilizada entre los hombres.
Eso sólo lo hacen los políticos que alcanzan posiciones de poder para satisfacción de intereses personales, no para vigorizar un régimen de libertades y garantías. Ignoran que la política democrática que se define por ele ejercicio pleno y responsable de las libertades, se construye sobre la base de hombres libres, lo que esas personas sin lugar a dudas nunca fueron ni serán. Atentar contar hombres libres es atentar contra la democracia.
En los regímenes totalitarios, los ciudadanos, no digamos los periodistas, sólo tienen la obligación de obedecer.
¿Fue el de Roberto Madrazo Pintado un régimen totalitario?
No debía haber equívocos pero hay dudas, repito; no por él, a quien consideré en todo momento un político alejado del aplastamiento de la dignidad de los hombres, del aniquilamiento o la penalización del ejercicio de la libertad de los hombres, valores que suponen madurez para entenderlos y responsabilidad para ejercerlos; no, sino por otras personas, colaboradores suyos como los mencionados que debieron aprender de él que la libertad y la responsabilidad –valores ausentes en las perversas expresiones salvajes de Carlos Manuel y Addy-, nos diferencian de los dioses y las bestias y nos hacen hombres, sólo eso, simplemente hombres.
Ciertamente el periodismo, lo mismo que el ejercicio de la política, requiere de sabiduría y madurez para ejercitase, porque sus productos están destinados a la sociedad. El periodista y el político deben estar conscientes de su responsabilidad, de su compromiso con ellos mismos, con la sociedad, con su tiempo y primordialmente con la historia. Un periodismo libre, una política libre, lo es para enriquecer a la sociedad, civil y política, y para garantizar el ejercicio de las demás libertades.
Todo periodismo es expresión colectiva y quienes tenemos el privilegio de servir con nuestra pluma o el micrófono a la colectividad, tenemos la obligación de mirar el todo, de hablar y escribir pensando en la circunstancia social en la que se escribe o se habla, no en el capricho del ignorante y déspota funcionario que asaltó un cargo importante o llegó a él de carambola o por la fuerza de la complicidad.
Volver toda información incómoda al mundo del poder en querella individual, ejercer la política desde el centro de uno mismo como si se fuese el centro del universo –cómo odiaba la soberbia mi amigo, mi hermano Nicolás Reynés Berezaluce-, es enrarecer la visión, tergiversar la óptica, desvirtuar una profesión y con ello perdemos todos por igual: políticos, periodistas y ciudadanos, aunque muchos, entre los primeros, no lo crean.
Durante el gobierno del licenciado Manuel Andrade Díaz, escribimos que descuidaba su compromiso de fincar bases sólidas y sanas para una moderna relación con los periodistas de la entidad. Se cayó de nueva cuenta, dijimos, en la práctica de saciar a un grupo de predilectos –virtuosos de la abyección mejor acabada que madrugaban para enterarse de lo que habían “escrito” el día anterior y ahora le mientan la madre- y condenar a una especie de muerte civil a quienes no poseían carné de membresía al selecto club, o sea a los que guardaron su dignidad.
Claro, no se llegó al extremo de Carlos Manuel y Addy de considerar que la apertura, la pluralidad, el debate, el periodismo digno y crítico, minaba la vida social, que la libertad de prensa era una amenaza para la existencia de Tabasco, del gobernador Roberto Madrazo Pintado, de la sociedad entera. Buena parte de los periodistas cambiaron de prestadores de servicios informativos, de análisis o de formación y proyección de imagen, a cómplices del silencio y la desinformación y en prontos agentes ejecutores –con las excepciones del caso- de campañas de descalificación y linchamiento político en contra de tabasqueños destacados y de familias enteras.
Hubo periodista que regocijado, en abril de 2002, sacó un tanto fuera de sí al gobernador Manuel Andrade al decirle: “Señor, es usted padre por segunda vez, acaba de nacer un nuevo hijo suyo, señor…”. El gobernador solicitó al reportero mayor claridad en su dicho y este sin disminuir su emoción, la excitación desbocada que lo abrazaba, le explicó: “Sí, Señor gobernador, a mí ya me mantiene usted y como acaba de nacer mi hijo pues ya tiene otro a quien mantener, ya es usted papá por segunda vez”. El gobernador pidió una bacinica para vomitar provocado por tanta miseria humana.
La ética, la moral requiere que se haga el máximo esfuerzo para presentar los dos lados de la historia. Así como se deja constancia de las versiones oficiales, también se tienen que señalar o explicar las contradicciones. No hay que perder de vista que la libertad de prensa está orientada a asegurar los derechos de los ciudadanos, la probidad del gobierno y el respeto a la ley.
La prensa en sí, debe tenerse como una institución, no como una colección caprichosa y dispersa de individuos que ejercen con finalidades distintas, por caminos distintos, con distintas consecuencias, operando con normas súper relajadas, abiertas a interpretaciones distintas y rara vez susceptibles de arraigar, pues los periodistas que así actúan cambian de conducta conforme cambian los hombres del poder. Y los ejemplos sobran en este sentido.
Lo dijo recientemente el secretario de Gobierno, Humberto Mayans Canabal, durante una entrevista con Chuy y Emmanuel Sibilla Oropeza: En este mundo tan conmocionado y tan confuso, lo que falta es información, comunicación humana que manifieste afecto, comprensión, quizá optimismo. Si se mejora la información, la comunicación, se mejora la comprensión, es lo que hay que intentar para encontrar la armonía, el equilibrio social tan necesario y la paz. Cuando algo se comprende el problema empieza a disolverse y la luz empieza a brillar. Eso creemos nosotros y así, creyéndolo, nos vamos a morir. ¡Ni remedio!.

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