lunes, 16 de junio de 2008

Rumba Palace: Conversacion con el mataviejitas

Gamaliel Sánchez Salinas




F U R I O S O Convertido en energúmeno, miraba yo al burócrata apostado frente a la computadora que me buscaba en la lista de los beneficiados con los cinco mil pesos por las inundaciones, con resultado infructuoso, en las oficinas de la URSE. “No está registrado en la base de datos” me dijo orondo. Mi furia tenía que ver con que compañeros que no se fueron al agua si estaban en la lista. Respiré hondo, el médico dice que a mi edad ya no debo hacer corajes y tomé el camino de la tranquilidad. Pensé que cinco mil pesos no valen un infarto y, resignado, decidí perderlos.

Salía de las oficinas cuando recibí el saludo de un compañero que regresaba con fotos y oficios de reclamación. Habitante de Las Gaviotas tampoco había salido en la relación. El mataviejitas, como le decimos por su amor casi obsesivo por las mujeres maduras, rayando en la senilidad, sonrió desanimado. Me contó sus periplos por los cinco mil. “No hay derecho, a los cercanos de Betty Luque se los dieron hace meses, quería repartir esa lana en lo oscurito pero se les descubrió todo y ahora nos quieran meter en una dinámica de desgaste, pero a mi me pagan o me pegan” dijo. Admiré su tenacidad. “Ya te leí en Pior es nada y creo saber que tu fuente es mi tío Faustino, ese viejito es el que sabe todo de la secretaría” dijo. Sonreí, el mataviejitas andaba equivocado pero no lo saqué de su error. “Espérame voy a entregar esto y te paso unos tips” ofreció.

Una vez que realizó los trámites, caminamos al estacionamiento. En el trayecto, casi en susurros, contó que Melba Rivera, asistente de Betty Luque, anda enloquecida haciendo precampaña con los directores a los que les hizo una fiesta el 17 de mayo. “Quiere ser diputada y cuenta con el apoyo de su hermano que está al frente de la casa de gestión en Nacajuca. Este es compadre de Acopa, el gran perdedor por la secretaría de SNTE”, me confió. Ya en su auto, no pudo evitar sacar su veneno en contra de mi sindicato y, con sonrisa miserable, dijo: “Al del sombrerito, Amezquita, tu líder, ya lo premiaron. Su mujer fue nombrada coordinadora de escuelas normales, es el pago por romperle el queso a tu sindicato. Ya cámbiate”. Me reí, le dije que sería el último de los sitetianos, que prefería la independencia total, quedarme sin sindicato, a regresar a la ignominia que representa el SNTE. Pero que no sería necesario eso, que resistiremos los embates del gobierno bicicletero, que al final se impondrá la justicia y entonces nuestra organización resurgirá boyante, plena. Disertaba yo eufórico cuando en la calle, desde un automóvil lujoso, una señora como de sesenta años le hacía señas. “Carnal, el placer me llama” se disculpó. Encendió su carro y se fue tras aquel auto. Yo caminé al centro, al café, donde encontré a mis amigos Heidy y Joaquín, quienes con su conversar ameno hicieron que olvidara mi encabronamiento.

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