lunes, 16 de junio de 2008

Postergar, recurso de Carrera Ruiz, director de escuela de comunicación

Luis Enrique Martínez

A las 12:40 horas del 19 de mayo Pioresnada solicitó una entrevista al director de la División Académica de Educación y Artes de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), Roberto Carrera Ruiz. A pesar del compromiso de concederla el miércoles 21, once días después, el viernes 30, el catedrático universitario se disculpó alegando cuestiones de agenda.

Para llegar a esa respuesta, debieron pasar un encuentro fortuito afuera del inmueble donde se imparten las licenciaturas de Educación (1973), Idiomas (1989) y Comunicación (1991); y dos llamadas al celular que el propio Carrera Ruiz proporcionó (99-35-90-89-74).
En la primera que se hizo la tarde del martes 20, como él mismo recomendó, reiteró su compromiso de conceder la entrevista. Incluso se escuchó llamar a su secretaria para que le pasara la agenda aunque después ofreció devolver la llamada sin fijar tiempo. Como no lo hizo, luego de 30 minutos se le marcó de nuevo. Respondió. Señaló que recibiría al reportero al día siguiente, miércoles 21 pero aún faltaba por definir la hora.
“Te devuelvo la llamada”, insistió. Pasaron los días y Carrera Ruiz no cumplió. Fue hasta el viernes 30 que fue localizado en el interior del Instituto Juárez donde se desarrollaba la clausura del Simposium El sur desde el sur.
La designación de Carrera Ruiz como director de la DAEA no fue tersa. Encontró la oposición del personal académico, investigadores y alumnos de la institución que lo identifican como patiño –“chalán”, dicen algunos—del conductor del noticiario radiofónico Sin Reservas, Juan Carlos Huerta.
A su paso por el programa, auxiliaba al conductor en jefe leyendo servicios sociales, además de cubrir sus esporádicas faltas. Pero algo que lo caracterizó fue su expresión de perdona vidas con los adversarios de la clase política en el poder y al mismo tiempo lo obsequioso y remilgoso que era con estos últimos.
Y por si fuera poco, los diálogos que sostenían en cabina dejaban mucho que pensar a la opinión pública respecto a que la relación entre jefe y empleado iba más allá de lo profesional. Por eso se consideró el programa como una mala copia de las parodias políticas que durante los setentas pusieron de moda en la televisión Héctor Lechuga y Chucho Salinas.

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