viernes, 11 de julio de 2008

Poeta maldito o algo parecido


Salvador Antillón Fernández

En Aguascalientes tuve algunas experiencias al tener la oportunidad de conocer a grandes escritores y pintores del siglo pasado, especialmente a Jaime Torres Bodet, Germán Litz Arzubide, Salvador Gallardo Dávalos, Leopoldo Méndez -autor del grabado El volantín- del Taller de la Gráfica Popular, inclusive a Diego Rivera.

En la Feria de San Marcos se efectuaban los Juegos Florales Nacionales y días antes de la entrega de la premiación se organizaban unos juegos florales de cuerpo presente, en los que participaban poetas locales, disputándose el Premio de la Flor Natural de La Cofradía del Petate, fundada en 1940 que tenía por objetivo organizar eventos culturales.

Este certamen era una velada literaria en el Teatro José María Morelos, que tiene historia por realizarse ahí la Convención revolucionaria de 1914, a la caída de Victoriano Huerta y del triunfo de Pancho Villa en la Batalla de Zacatecas.
Para 1953, yo ya tenía fama de poeta maldito, o algo parecido, no se me permitía participar porque mi mensaje era de combate, de contenido social.
En una ocasión me presenté al Teatro entre las siete y media y ocho de la noche y me prohibieron el paso por instrucciones del presidente de la Asociación Cultural Aguascalentense, Salvador Gallardo Dávalos, que junto con Germán Litz Arzubide y otros poetas de principios de la década de los años 20’s fueron los creadores de la corriente estridentista.
De plano, me dijeron que no podía pasar. Como a la media hora de estar sentado en la banqueta de la calle en que se encuentra el Teatro Morelos, llegó un amigo que conocí en la portuaria Veracruz siendo infante de marina, se llamaba Miguel Aguilar Vázquez, El Socio, y cuando me ve sentado me pregunta:
-Oye socio, ¿qué haces aquí?, debes estar adentro.
-Oye socio, es que no me dejan entrar.
Miguel Aguilar Vázquez era hijo del administrador del Teatro y era tramoyista.
-¿Quieres entrar a segundos o plateos?
-No, lo que quiero entrar es a luneta para apoderarme del escenario.
-Entonces entra a galería.
-¿A galería?
-Sí, mira, las cornisas son amplias y conectan a la tramoya del teatro.
-Bueno, pues a galería.
Total, en medio de la oscuridad subí a platea, a segundos y al llegar a galería me dirigí a la cornisa; cuando iba en la cornisa, alguien de platea me vio y gritó, señalando:
-¡Ah!.
Cuando la gente volteó hacía mí surgió otro grito, eso hizo que se prendieran las luces.
En un acto de ignorancia o de temeridad se me ocurrió levantarme para agradecer la ovación, porque me aplaudieron, que trastrabilleo, caigo y me agarro de una de las reatas. Se levanta el telón, yo bajo, y quedo oscilando frente a los ojos de la reina de los juegos florales. Calculé la distancia hacia el foro y me dejé caer:
-Salve, ¡0h, Reina y Señora!. ¡Oh, Reina mía!, te ofrezco un canto, el más hermoso… improvisé y me retiré para participar en el certamen.
Los poetas acudían a dos ánforas: en una estaba el tema que se iba a improvisar y en la otra, el tiempo. Voy, saco tema y tiempo y veo: sobre la vida.
Y empecé: tiempo, vida; tiempo, vida; tiempo…
Aquél detalle causó hilaridad entre el público y comenzó a reírse, entonces arrojé los boletos aquellos y me paré y exclamé:
-La vida. / ¿Qué es la vida? / Para el rico es gran placer / y para el pobre / es plegaria para amanecer, / tan siquiera qué es comer.
En el ocaso de la vida / que estamos sin descifrar / todo lo tenemos señalado: / es la muerte y con ella nuestro final.
¡Ah!, es la banalidad / lo que hace que olvidemos / lo que hoy somos / y lo que esperemos más tarde / poco o nada nos importa; / porque la vida es corta / todos debemos gozarla / solamente de cuando en cuando, / al siguiente día, un amigo o conocido / pasó a mejor vida / nos ponemos a temblar.
Y sin querer / piensa uno más adelante / que nuestros hermanos / tierra echarán con sus manos /sobre aquel ataúd; / la tierra siempre se paga con creces / lo que sacamos de ella / chinos y mexicanos; / y de no dejar la menor huella de nuestro cuerpo que tira la carne / ¡Ah!, de eso se encargan los gusanos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos temas, la mayoría tratado con lenguaje aburrido

Anónimo dijo...

podrian ayudarme a localizar a salvador antillon fernandez?. soy sobrino nieto de el, mi nombre es jorge saldaña antillon mi correo electronico es jorgesaldan@hotmail.com